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¿En qué quedamos…? ¿Somos iguales o no?

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Nuestro presidente, el paladín de la justicia social, el desfacedor de entuertos meritocráticos, el vengador de los excluidos, ha insistido en afirmar, por lo menos en dos ocasiones, que él está en un "ranking" que sólo algunos elegidos (por los votos) pueden alcanzar.

Ergo, todos los que no somos presidentes somos caca de perro.

No muy socialista la cosa, digo yo.

Mario Vargas Llosa tuvo el honor de ser el primero en ser despreciado (o por lo menos es la primera ocasión que se ha hecho pública y notoria). El escritor lo había invitado a debatir y Chávez le contestó algo así como: ¡guácatela! ¡Yo no hablo con Premios Nobel! ¡No están a mi nivel!

La segunda vez que le he escuchado decirlo fue a una diputada (cargo que también es de elección), quien se atrevió a discrepar acerca de lo maravilloso de la situación que estamos viviendo en nuestro país. María Corina Machado le pidió (durante una supuesta rendición de cuentas del Presidente-Monarca) que le explicara a las madres venezolanas porqué no consiguen leche, café o aceite en los mercados y que le explicara a Venezuela porqué han fallecido 190.000 ciudadanos por actos criminales desde que él está en el poder. Para terminar le dijo que vulnerar la propiedad de alguien sin mayor justificación y sin pagarle era ilegal, y lo resumió con esta estupenda frase: "Expropiar es robar".

Chávez agarró un arrecherón de antología, no le respondió ninguna de las preguntas, le dijo que ella era menos que un moscardón y que: "Águila no caza moscas".

A mi me parece esto sumamente extraño. Sobre todo dentro de un marco ideológico y moral que postula que todos los seres humanos tienen el mismo valor. Parece fuera de lugar en un gobierno que ha luchado por destruir los sistemas que hacían pesar los méritos acumulados por una persona, sustituyéndolos por concursos de popularidad, lo que muchas veces termina en un intercambio de favores por votos.

También resulta paradójico con respecto a la cháchara sobre lo malo que es el racismo, el clasismo y cualquier otra forma de exclusión.

Resulta más extraño aún si uno se acuerda que en una reunión, el Rey Juan Carlos de España, hasta la corona de escucharlo interrumpir y burlarse de todo dios, le mandó a callar groseramente. Chávez se chupó esa mandarina sin chistar, e incluso luego se rió cuando, un tiempo después, el Rey le regaló una franela en la que aparecía la deliciosa frase "¿Por qué no te callas?"

¿El Rey sí es de su categoría? ¿El Rey, ese señor que sólo es un símbolo diplomático? ¿EL REY QUE NO ES ELEGIDO POR VOTACIÓN Y QUE ES TAN SÓLO EL REMANENTE HISTÓRICO DE ÉPOCAS TERRIBLES EN LAS QUE TODOS MENOS EL REY ERAN CACA DE PERRO?

Yo como que no entiendo ni de socialismos, ni de monarquías.

 

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10/04/2012 00:12. alteregumancia Ver todo. Política No hay comentarios. Comentar.

El Hombre sin causa

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Cuando me senté en el vagón del tren que lleva  de Milvania a Ferozi noté que alguien había dejado olvidado su diario en el suelo.  El rojo chillón de sus tapas me hizo pensar en el truco que usan los insectos para que ningún animal se les acerque y trate de comérselos.

A pesar de esa advertencia de peligro lo abrí casi de inmediato, y empecé a ojearlo con una mezcla de curiosidad  y culpa, como aquel monje en el lavabo de las damas.

Rápidamente descubrí que el diarista era soso y daba excesiva importancia a detalles que sólo a él (y quizás ni siquiera a él) importaban.  Se concentraba casi exclusivamente en comentar las pequeñas variaciones en sus rituales de higiene (esencialmente si había tenido tiempo o ganas de utilizar el hilo dental), lo que había comido, los resultados del fútbol y la hora de irse a dormir, a lo que parecía conceder enorme orgullo ("logré acostarme a las ocho.  Voy a poder dormir 10 horas corridas").   

Hastiado, busque directamente las páginas del final para leer lo último que escribió.

  

Querido Diario:

No me he cepillado los dientes hoy.  No he tomado café. He salido a las carreras y casi me deja el tren.

El compartimento que me tocó está del lado de los desfiladeros, y solo espero que el vértigo me entretenga.

Había nevado toda la noche anterior, y en los grandes ventanales del vagón, el espectáculo de la blancura sólo se interrumpe aquí y allá con líneas negras, irregulares pero dispuestas con sentido y gracia.   El cielo de un azul lavado sólo  proporciona un marco temporal,  porque siento en los huesos que vienen tormentas.

Entre estas dos ciudades —la primera en la cima de la montaña, la segunda en el fondo del valle­— debe haber unos 200 kilómetros en zigzag, los cuales transcurren sin bar ni restaurant.  Es indispensable llevar agua, bocadillos y un buen libro. 

Olvidé las tres cosas con el azoro de dejar atrás las murallas del trabajo, para ir al lago a pescar en el hielo, y sumergirme en las piernas de mi mujer durante el fin de semana largo de las fiestas. 

Me di cuenta de mi fatal olvido justo después de colocar el bolso en el sombrerero y me dejé caer en el asiento con desmayo.  Sentí el apretujón de la resequedad en la garganta, la premonición de un vacío en el estómago y la angustia del aburrimiento en el pecho. 

El tren Aluvional siempre viaja bastante vacío y me temí lo peor.  Largas horas imaginando que el tiempo va a pasar rápido.

Cuando el mareo se estaba transformando en letargo alguien entró en mi compartimiento, y sentí la alegría del perdido cuando aparece.  Cuando menos un poco de agua y conversación tendría.

Debo reconocer que mi estilo confianzudo latinoamericano no ha cedido con los años de emigrante, y a los pocos minutos ya estaba preguntándole al recién llegado cosas personales e incluso íntimas, tuteándolo, y contándole chistes subidos de tono, que me parecía que rompían el hielo.  Nuestra conversación se fue asentando y era un toma y daca constante.   Partes de ella  vuelven a mi mente una y otra vez, como si contuvieran un enigma que debo resolver. Otras ya se borraron por completo.  Sobretodo recuerdo con nitidez el final de nuestra plática y voy a tratar de reproducirlo de memoria. Él me decía:

- No es solamente que no tenga un propósito en la vida.  No es eso.  O eso no es lo principal.  Lo que me ocurre es que no me siento conectado con nada.  No siento que venga de nada.  No siento que se hayan dado una serie de eventos para que yo esté aquí y ahora.  No hubo una conjunción de cosas que dieran como resultado mi persona.  No cambia nada si estoy o no estoy y el mundo hubiera sido exactamente igual a como es (y cómo seguirá siendo) si yo no hubiera venido al mundo.

- No digas eso… ¿Tu estás consciente, para darte sólo un ejemplo, de la delicada red de casualidades y coincidencias que llevaron a tus padres a juntarse?  Un retraso, un asiento compartido, el cruce de dos miradas entre un trillón de pares de ojos, una motivación común que los llevó a compartir un cierto espacio entre los muchos posibles…

- Mire la verdad no lo sé, respondió mi compañero de vagón, que aunque generoso con sus vituallas (la mitad de su emparedado de camarones, algunas fresas  y un paraguayo bien jugoso) nunca llegó a tutearme.  Puede que yo sea el resultado de un olvido, una violación o una borrachera.  No sé si le parecen causas fuertes.  Me crié en la inclusa.  Aparecí en los cubos de la basura que estaban justo al lado de la puerta del orfanato, y los del aseo tuvieron la bondad de acercarme hasta allá.  Quienes quiera que fueran mis padres no tuvieron ni siquiera el deseo de empujarme dos metros más allá para que alguien me cuidara.

- ¿Y crees que eso no te cambió?  Yo creo que el que te hayan abandonado (no sabemos si adrede o no) tiene que haber cambiado muchas cosas en tu vida.

- Eso es hacerle trampas a mi argumento.  La ausencia de causa no es una causa.  Que nadie me haya ayudado a encontrarle sentido a mi vida, que yo no sepa cuál es mi herencia, mi historia, mi arraigo no pueden ser considerados positivamente, como un vacío que sin embargo deja huella.  No me puede usted decir que el que nadie haya establecido conmigo relaciones profundas ha dejado una profunda marca. No me parece lógico, ni justo.

- Siento mucho lo que viviste, le dije apenado…. Y segundos después volví a perder las reservas necesarias.  Pero estoy seguro de que tienes una misión.  Esa es la razón por la que estás aquí.  Algo… quizás un gesto pequeñísimo que tienes que hacer, que tiene una importancia fundamental.  Por eso naciste, por eso no has muerto.  Son cosas que sólo sabe Dios. 

- Desde pequeño he sufrido paperas, sarampión, varicela, diarreas constantes, hemorroides y jaquecas, entre las dolencias que vienen y se van.  Y entre las que se quedan más tiempo he tenido asma, epilepsia y una forma virulenta de acné.  Ah, y me duelen los dientes todo el tiempo.  No han terminado de arreglarme una caries cuando ya ha aparecido otra en otra muela.  He sufrido tres accidentes de tránsito graves, y me han operado otras tantas veces para extraer cosas extrañas que crecen en mi cuerpo sin ton ni son.  Ya no sé si más bien estoy en un experimento de laboratorio. Parece como si ese "algo" del que usted habla quisiera más bien sacarme del camino, y no ha podido.  No se me hace que quiera encomendarme algo. 

- Bueno… Ahí tienes tu causa.  A lo mejor sirves para probar la resistencia y la fe, como Job. 

- No sé… A mí más bien me da la impresión de que soy aleatorio. Soy algo que cayó accidentalmente en el cultivo de mi lista de enfermedades,  y que ni siquiera se nota cuando está enfermo, porque no es lo que están buscando en el experimento.  Como una pulga que cayera en medio de un experimento de ratones.  Estaría allí, en el fondo de la jaula, enferma, sí, pero sin ningún propósito, y sería descartada luego, porque ensucia.  Soy quizás, y perdóname la crudeza, un excremento de esa pulga.

Mi compañero de viaje me contaba todo esto sin mostrar tristeza.  Su rostro parecía tranquilo, y sólo miraba de vez en cuando por la ventanilla, como si descifrara los haikus del paisaje.  Desenrollaba una bufanda violeta que llevaba en el cuello y la dejaba caer distraídamente al suelo, como una chica que suelta su pañuelo para llamar la atención de su chico.  Luego la recogía sin bajar la vista y sin dejar de hablar.

- Se lo repito: lo que siento realmente es que no tiene la más mínima importancia si vivo o si muero.  Nadie me creó, nadie me ayudó a vivir, nadie me adjudicó un plan, nadie me va a pedir cuentas, ni por lo que haga, ni por lo que deje de hacer. Estoy fuera del plan, no hay registros de mi existencia.

- Esa no es forma de vivir, le dije sin convicción.

- A lo mejor no… Pero me he acostumbrado a vivir así.  Creo que el vacío forma parte de mi ser, lo atesoro.  No cultivo amistades, no me enamoro, no trabajo más de tres meses en el mismo sitio, me mudo una vez por año.  No quiero que nada venga a interferir en mi existencia sin causas, sin contextos, sin relaciones...

- Pero aquí está usted contándomelo.  Imagine que en el futuro yo trate de imitarle, y busque vivir una vida cero… Entonces habrá usted iniciado algo.  Yo sería el primer miembro de una secta que llevaría su nombre.  A lo mejor juntos cambiaríamos el mundo.

Por primera vez en todo el viaje se sonrió, con la boca ladeada en un rictus de desprecio, y me miró como si yo fuera una mancha viscosa.

- Tendría yo que buscarle y matarle.  Lo que seguramente sería el crimen perfecto porque no existe ninguna relación entre usted y yo. 

Dijo esto, se paró, recogió su equipaje y me dejó con la incomodidad en los codos, que no hallaban donde posarse. 

Esto es lo que recuerdo de nuestro intercambio.  Al levantar la vista me di cuenta de que nos habíamos detenido en la estación de Ferozi. El viaje fue casi instantáneo, lo que tengo que agradecerle a mi acompañante.  

Pero ya se ha ido,  así que no podré echárselo en cara, como un argumento más de su función en este mundo. 

Tengo ganas de conseguirme ya con D. y contarle mi aventura.  Me decido a levantarme de mi asiento y tiro de mi bolso para sacarlo de la sombrerera, y veo pasar delante de mis ojos tus tapas azul cielo.  Caes estrepitosamente al suelo y me parece que es un llamado de atención: tengo que recoger los detalles por escrito, antes de que los olvide.

Me vuelvo a sentar, dejo mi bolso en el suelo y decido escribir esta entrada, que hasta ahora es la más extraña que he escrito.

La última entrada se interrumpe abruptamente pocas líneas después,  cuando el autor se explayaba acerca de la posibilidad de influir sobre los demás.  Levanto la vista y me froto en los ojos la concentración con la que leía hasta ese momento.

Me doy cuenta de que el tren ya recorre el camino de subida a Milvania.  Unos patos miran con frustración el estanque congelado y levantan el vuelo. 

Enlazo una sensación de vacío con el gesto de sacar mi propio cuaderno de anotaciones, y el amarillo de su cubierta me reconforta un poco. No quiero llevarme un diario ajeno, pero quiero que esté conmigo. Quisiera reproducir el contenido y añadirle mis propias reflexiones. 

Espero que me alcance el tiempo.

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19/02/2012 12:28. alteregumancia Ver todo. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Deberían ponerte a dormir

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No te amarro

ni te pongo un bozal

ni te dejo nunca afuera

con este mal tiempo.

 

Nunca me olvido de ti

te llevo conmigo

te protejo y trato

de aliviar tus pesares

y si te has peleado

con el mundo

lamo tus heridas

y escucho tus lamentos.

 

 

Tu muestras los colmillos

y gruñes cuando me acerco

y me lastimas con saña

haciéndome tropezar

poniéndome contra la pared

mordiéndome entre ladridos

inoculando miedo en los huesos

que estoy seguro quisieras roer.

 

 

Deberían ponerte a dormir.

 

No cuidas de mi sueño

y más bien te divierte

organizar los insomnios

cuando la luna te favorece

o ulula una ambulancia

o pasa una perra mala

con el lomo arrebujado

o se muere un vagabundo

de tu tribu urbana

entonces aúllas durante horas

tumbas los tachos de basura

y persigues las ánimas con frenesí.

 

 

Cobarde hasta las pulgas

si entran de saqueo

no te molestas en ladrar

o estas como ausente

o te lías como un anillo

o meneas la cola mansamente

o te callas como un enemigo

o simplemente no te importa.

 

Deberían ponerte a dormir.

 

Cuando alguien me lastima

no mueves un pelo de tonto

porque consideras merecido

los golpes y peyorativos

ya que sirven para domar

mis numerosas mañas

 y perjuicios.

 

Pero si me besan la punta del pie

o tan siquiera se atreven a olerme

se te cruza la bestia peluda

con el monstruo desencajado

y te retuerces y tiemblas y chillas

amenazando con aspaviento

como si  pudieras

comértelos muertos

antes de caer al suelo.

 

Deberían ponerte a dormir.

 

Te juntas con otros para arruinar

lo bello y lo ordenado

tu jauría llega sucia enferma y hedionda

y juegan toda la noche al escondite

a policía y ladrón a la tonga y al escondido

y tras la brutal tropelía

quedan en astillas

 jarrones  espejos y fotografías.

 

Para que no me queje

ni eche en falta alguna escultura

antes de largarse todos abrazados

bajo la luna en el jardín amado

cagan entre saltos y contorsiones

sobre las rosas y los tulipanes.

 

Deberían ponerte a dormir.

 

Muerdes la mano que te alimenta

precisamente mientras te alimenta

y sosteniendo mis dedos entre tus caninos

te ríes y me exiges que te pida perdón

y que silbe y que cante y que rece una oración.

 

Lo que te sirvo siempre está demasiado caliente

o tan frío que podrías constiparte

tan dulce que daría caries

o muy salado para tus riñones

exiguo para tus ganas

abundante para tu mesura

o mezquino para tu justa retribución.

 

Deberían ponerte a dormir.

 

Transmites enfermedades

y eres el huésped maldito

(con gozo mal disimulado y alevosía)

de los vectores de una peste ontológica

el olor que marchita flores

el hálito que tumba dientes

el contacto  que empava

la estela que marea

la mirada que nubla la mente

el miasma que empicha el agua

y la presencia que descorazona.

 

 

Pero no dejas que te bañe

tu pelaje enmarañado y viscoso

tiene nudos  tan intrincados

que solo la sarna podría acicalarte.

 

Deberían ponerte a dormir.

 

Eres puro dolor:

         pena realenga

         cojera de la convicción

         mutilación en las ganas

         y artritis del amor

          

te falta sangre para tanta herida abierta

               costilla para tantos golpes de la vida

               barriga para arrastrarte hasta la tumba

estás raquítico para lo que jodes

           herniado para lo que te conviene

           chueco para tu asombrosa ubicuidad

 

y aunque la piel se te cae de los huesos

y tienes los belfos en jirones

quieres besar sin boca

y copular sin vocabulario

como si fueras de otra especie.

 

Deberían ponerte a dormir

porque es lo que se hace con los perros

que están como tú estás

desde hace ya tanto tiempo.

 

Pero no me atrevo.

No puedo ni pensarlo.

(Me angustia extrañar tu compañía.)

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Hombres malos

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Dijo Bertolt Brecht:

 

Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles.

Se me ocurre que se puede decir esto otro usando la misma estructura:

Hay hombres que son malos por ignorancia o desidia, y destruyen todo a su alrededor.  Hay hombres que son malos por puro egoísmo, y son terriblemente nocivos.  Hay hombres a los que les gusta ser malos, y hacen muchísimo daño a los demás.   Pero hay los que son malos por que quieren imponer a los demás lo que consideran que es bueno… Esos son los más  peligrosos.

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Divagaciones sobre ser papá

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Para mi hija, por supuesto.

 

Ser papá lleva asociado una afasia: uno se siente impotente al tratar de expresar la maravilla. 

Pero me gusta escribir, y sobre todo me gusta escribir acerca de lo que me gusta.  Por eso algo quisiera yo poner (o más bien sería cacarear) aquí en este mi blog.

Suplico entonces comprensión de todos los que son padres y madres, que saben que toda cosa que uno diga es poca.  Y con la paciencia de los que no lo son, porque nos ven desde lejos, ojerosos y un poco trastornados, y entienden que esto es lo que hay.

En todo caso lo que haré será divagar un poco, anotando algunas de las cosas que me han ocurrido o he sentido o pensado desde que sin permiso, y sin siquiera ser gente,  hago gente.

Una de las primeras afirmaciones que quisiera enfatizar es que el asunto de la paternidad no es como te lo cuentan.  (Y eso que todos tenemos un cuento).     

Sorprendentemente, la mayoría pretende ponerte sobre aviso: ¡Ay lo que te espera!  Noches sin dormir, miedos, malcriadeces, llantos,  preocupaciones, gastos.

Mi esposa y yo, en ese sentido, hemos tenido suerte.  Lo de ser padre y madre se nos ha dado bien, suave, fácil (gracias a Dios, toco madera y escupo tres veces, porsia).  Me atrevería a decir: de fábula.  La hija no da guerra, es valiente, llora poquísimo, duerme toda la noche y hace siestas, espera quietita a que uno termine lo que está haciendo, y te advierte, con exclamaciones claras pero no escandalosas, cuando ya se te pasó la mano con los tiempos libres.

No es fácil, tampoco les voy a mentir.  (Hay gente que también exagera en la otra dirección, contándote que todo es gozo,  felicidad, fiesta y diversión).

Criar un niño es un trabajo hecho bajo presión, por manos inexpertas e inseguras. 

En ese sentido creo que la historia y el consejo más útil me la contó un papá que también es psicoanalista.  Me comentó que todos los libros acerca de la paternidad te dicen la increíble experiencia que es, lo bien que te vas a sentir, lo grande que es ser papá.  Ninguno te dice que también es difícil.  Ninguno te advierte que algún día te puedes sentir tan desesperado que te provocaría tirar al muchacho por la ventana.  Y entonces concluyó:  "Lo anormal es que realmente llegues a tirarlo. Pero que te den ganas de hacerlo es normal". 

Por cierto, los franceses tienen un dicho: no se debe tirar al bebé junto con el agua con que lo bañaste.  Tiene que ver con olvidarse de lo esencial.  O cuando echamos a perder lo que está bien tratando de salir de lo malo.

Digamos pues que, a pesar de que no es fácil, y que uno podría desesperarse por momentos,  si uno se lamenta demasiado, si no le dedica tiempo suficiente, si no le pone voluntad y buen humor, si no adopta una actitud serenísima, entonces se pierde de la maravilla.

Y es que la maravilla está en una serie de detalles.

A mí por ejemplo, cuando la tengo entre brazos, me encanta percibir su mirada al mundo, de abajo hacia arriba, con la boquita entreabierta, con esa fascinación ingenua del que lo ve todo nuevecito.

La extraño inmediatamente después de que se va a dormir, exhausta, echando los bracitos hacia atrás, en actitud de "cuelgo los guantes".  Me provoca meterme en la cuna con ella.

Al escuchar las canciones en la radio,  asocio las letras con mi hija…  "Eres lo que más quiero", "Ne me quitte pas", "I put a spell on you",  tienen ahora otro sentido.

Ahora veo distinto a los niños.  Pasaron de ser una parte normal del entorno a una poderosa conexión automática.  "Todos los niños son tus hijos", dicen con toda razón.  Te fascinan los pasitos torpes de aquel que va allá.  No quieres que tu hija haga pataletas como el que ves en el supermercado.  Te ríes con las palabras que escoge aquel que ya habla.  Lloras de inmediato con todos los que sufren.

Uno renuncia a aquel inmenso placer de dormir sin la más mínima queja.  Diría que es casi un placer levantarse 100 veces por la noche para revisarlos cuando gimen o tosen, para alimentar o cambiar pañales.  Me imagino, más adelante, levantándome heroico, para  ahuyentar sus pesadillas.

Para terminar, tengo que decir que me embarga un  sentimiento muy raro acerca de mi responsabilidad como padre.  Mi hija se porta tan bien que me parece que ella me estuviera cuidando a mí y a mi  esposa.  O en todo caso, que fuéramos compañeros de vida y estuviéramos cuidándonos entre todos.  Me gustaría que siempre fuera así.

Sin embargo estoy ahora más consciente que nunca de mis torpezas, de mis olvidos, de mis distracciones… Me siento como un accidente en ciernes, pero me enorgullece el esfuerzo inmenso que tengo que hacer para cuidarla.  Creo que mi alerta de ser un peligro de alguna manera la protege.

Todo el mundo busca parecidos en el físico de los niños. Pertenencias:  los ojos son como los del abuelo, la nariz del papá, la boca de la mamá, los pies de la abuela… Queremos estar presentes, influenciar, formar parte de las nuevas generaciones.  Es un deseo válido, por supuesto, muchas veces necesario.  Es la carrera de relevos, el paso del testigo.

Sin embargo, yo espero sobre todo  que logre parecerse a sí misma.  Quisiera que pudiera tomar sus propias decisiones.  Que tuviera libertad y prudencia para escoger su carrera, su pareja, su religión, su territorio, su misión. 

Sé que vamos a tratar de influir.  No creo que sea malo tratar de influir.  Pero espero que,  siempre que podamos,  tengamos la sabiduría de ofrecerle opciones y dejarla escoger.

 

Estamos aprendiendo…

 

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Agresividad y Poder

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Una de las contradicciones que más me cuesta manejar es la que se plantea entre libertad y  control.

Para mí son irrenunciables el respeto a la diferencia, la tolerancia, la solidaridad, la posibilidad de cuidar de sí mismo, la hospitalidad hacia el otro, la defensa de los derechos de todos.

Por otro lado, reconozco con cierta pena y vergüenza que a veces la violencia se hace necesaria.  Incluso para defender todo lo anterior.

Muchos han planteado que es el  Estado el que debe poseer el monopolio de esa violencia, y que debe usarla para controlar la tendencia que tienen los ciudadanos a no respetarse entre sí.

Una de las formas más usadas de esa  violencia implica la privación de libertad (con el uso racional de la fuerza que lleva aparejado) como forma de castigo y prevención. 

Pero hay que añadir muchas otras formas de intervención que parecieran necesarias, pero que muchas veces generan una gran controversia: la vigilancia, la censura, las prohibiciones, las manipulaciones.

El más controversial de estos métodos violentos es quizás la guerra.  Son los episodios más terribles de nuestra historia, debido al terror, la miseria, los crímenes y la muerte que acarrean. 

El problema es que muchas veces lo único que se puede hacer para evitar una guerra es eliminar las circunstancias que la justifican.  Por tanto, existen esas circunstancias que darían razón a un conflicto.  Eliminarlas evitaría la guerra, pero el horizonte amenazador sigue siendo ese: el belicismo como solución.  Es una trampa.  Tratar de evitar una guerra es reconocer que hay causas para una guerra. 

Además, a estas circunstancias se mezclan siempre los intereses más bajos (la guerra es también un negocio del Estado), o las posturas morales más elevadas (Estados que se abrogan una capacidad moral superior para decidir)  y pareciera que hay siempre una serie de eventos y causas que de alguna manera justifican que se produzca el "hasta aquí" violento de la guerra.  Algunos episodios históricos han desembocado en guerras consideradas "justificadas", y que no se sabría muy bien cómo haberlas evitado.  Pero también hay innumerables  ocasiones que parecen no sólo injustas sino también injustificadas…

En todo caso pareciera un asunto que debería someterse a una profunda y constante reflexión por parte del Estado, cosa que no siempre se da. 

La forma y el alcance con el que debe intervenir el Estado no es compartida por todos,  y muchas veces depende de las ideologías, que encallecen el pensamiento.

Algunos piensan que el Estado se debe ocupar casi exclusivamente de administrar los servicios públicos, y dejar la economía, la cultura e incluso la educación al resto de los poderes. 

Otros piensan que el Estado debe enfrentarse a muchos males de nuestra sociedad: frenar la corrupción, la especulación, el fraude financiero, los abusos a los derechos humanos, las componendas para delinquir, los crímenes,  y un largo etc. Esta convicción política considera que debe proteger la fragilidad de sus ciudadanos ante los intereses de los poderosos.   El Estado debería defendernos del Banco que se aprovecha, de la Secta que nos aliena, de los valores distorsionados que nos esclavizan.

El problema es que bajo esta perspectiva el Estado se erige como aquel que lucha contra el mal, y desafortunadamente, lo que ocurre con frecuencia es que el Estado se abroga una superioridad moral que lo lleva a meterse en todo y en todas partes ("el enemigo puede estar alojado en cualquier lugar, y hay que expurgarlo"). 

Además, este tipo de Estado muchas veces considera que tiene el monopolio de la crítica.  Nadie puede quejarse, nadie puede protestar, porque el Estado es y hace "el Bien" por antonomasia.

Y cuando se equivoca él mismo hace la labor de reflexionar, autocríticarse y cambiar.  No necesita de nadie que venga a señalarle sus errores, y dudar de su capacidad para encontrar el buen camino es sencillamente reaccionario, antipatriota o terrorista.

Cualquiera que critique al Estado "Bienhechor" envidia lo que este ha logrado, y por eso quiere destruirlo.  De ahí que el Estado considera que debe atacar primero, con toda la violencia que sea necesaria, y usando todas las herramientas con las que cuenta: cárcel, persecución, censura, prohibición y guerra.

La pregunta que me hago aquí es la siguiente: ¿Cómo tener un Estado lo suficientemente valiente, recto y combativo, que pueda asumir la resistencia contra las diversas formas de poderes nocivos: injustos, fanáticos, destructivos, autoritarios, egoístas, crueles, intolerantes, corruptos, irresponsables y un larguísimo etc., pero que a un mismo tiempo no se crea con patente de corso para hacer lo que le venga en gana con sus ciudadanos, su país o el mundo entero?

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Declaración de fines

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¿Y si esto fuera lo último que escribo?

ya sea por que desaparece el ser que rotula

o por que no tenga nada más que decir

 

¿Cuál será la palabra que perfore el papel?

la que traduzca los signos de la angustia

de un forastero que se levanta a media luna

para aullar frases en plena transformación

 

¿Cómo ordenar los silencios?

conocer el orígen de los rezos

el delicado equilibrio de la duda

la disonancia que une los males

la armonía que mece los bienes

 

(esa maldición que nos hace hablar)

 

¿Cuál el temple de la última imagen?

la que ronde sin mácula

la que evite la viscosa huella

del verbo prematuro

que la deje preñalienada 

con los mitos urbanos

 

¿Cuál es el respeto que le debo al ser?

el apocamiento que vacia el sentido

ese fatídico gesto que me obliga

a repetir mis propias repeticiones

el lugar común que escinde la razón

y te aísla en tus propios balbuceos

 

En cualquiera de los fines

estar a la altura de mis bajezas

saturar el blanco de mis quejas

(hacer alguna rima perfecta

algún verso dorado

alguna metáfora esencial)

decir sin decir que estoy diciendo

en lo que ya fracasé tantas veces.

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23/06/2011 20:23. alteregumancia Ver todo. Versos Hay 1 comentario.

Hitler como cliché

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No es que el tipo no haya sido monumentalmente malo. 

Lo fue.

Pero no estaba solo.  La humanidad vivió y permitió las tropelías de por lo menos tres más como él, a un mismo tiempo.  Tipos que hicieron lo que les dio la gana, y mataron a todo el que se les puso en medio.  Hitler, Stalin, Mao, en cálculos conservadores, mataron a 10 millones de personas cada uno. 

Tardamos bastante en tratar de impedirlo, y eso nos pesará por siempre en la conciencia.  Y la educación debe hacer énfasis en esa responsabilidad, en la necesaria atención para que no se repita.

Pero mencionar a Hitler cada vez que uno quiere hablar de "lo más malo" o "lo indudablemente malo", tiene un lado digamos que anti-pedagógico:

Es fácil decir: ¡Bueno, yo no me parezco en nada a Hitler!

Y ya está.

Es por esto que cuando se quiere trabajar, pensar y discutir ética se debería evitar esa trampa.

Uno debería insistir en lo que señalaba Enrique Urbizu (Director de la estupenda película La vida mancha [2003] y la más reciente No habrá paz para los malvados [2010], que aún no he visto):  "A veces causa mayor desgracia el trabajo mal hecho, o la desidia, o la prepotencia en las labores cotidianas: puede ser tan dañino como una mente criminal desatada".

Puede ser exagerado, pero yo creo que es mejor ejemplo de maldad un maestro que no asiste a clases, que pide reposos injustificados, que no estudia ni prepara sus temas o que demuestra displicencia hacia su trabajo.

Debemos insistir en eso.

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04/06/2011 12:48. alteregumancia Ver todo. Éticidad No hay comentarios. Comentar.

Cuando Chávez se haya ido

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Es probable que, haciendo un balance, tendremos cosas buenas que decir de su gestión.  Muchas malas, pero cosas buenas también.

Cuando una de las amenazas de liderazgo totalitario del siglo XXI haya pasado,  con suspiros de alivio, podremos analizar los 14 años de su gestión con un espíritu sosegado.  Ojalá no tengamos demasiados presos y muertos que lamentar (en Venezuela uno no sabe nunca si sobran o si faltan los presos, pero no hay duda de que demasiada gente muere por descontrol social).

Cuando sean cosa del pasado la agresión constante, las triquiñuelas ilegítimas, los desequilibrios institucionales buscados y a veces regalados, y sólo parezcan una equivocada estrategia de gobierno, en vez de una escalada de la violencia autocrática, podremos conceder acaso lo que fue legítimo o provocado, lo que fue un reflejo defensivo.

Por eso era que pedíamos que no se estableciera la reelección indefinida en nuestro sistema político.  La obligatoriedad del cambio, cada cierto tiempo, del equipo de funcionarios que llamamos gobierno, haría menos angustioso estos análisis.  Es la posibilidad de la eternización del gobierno de turno el que hace más oscuro y aciago el pronóstico. 

Tiendo a ser optimista.  Creo que podemos recuperarnos relativamente rápido del caos en el que estamos sumergidos.

Sin embargo este caos no es lo único que resultó de este período.  Repito: algo bueno quedará… No es mucho, está disperso, difuso, mal encaminado. Debo reconocer que me cuesta reconocerle cualquier cosa.

Pero si algo me salé fácil es reconocerle haber generado conciencia.  Un despertar.  Un darse cuenta de lo importante que es participar.  Lo importante que es saber que la política no es un asunto de los políticos, o que políticos somos todos.  Es saber saberse organizar.  Saber planificar lo que queremos ser. Saber pensar el país.  Y ser consecuente con ello cada día.

Asimilar la importancia que tiene para un país los gestos sencillos: ser honesto, hacer bien su trabajo, pensar en los demás.

Dejar de esperar al Mesías, al Superhombre o al héroe épico.

En última instancia dependerá de qué tan bien hayamos asimilado la lección. 

Depende de la respuesta que le hayamos dado a la pregunta que nos hacíamos en plena crisis de finales del siglo XX: ¿Podemos estar peor? 

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08/05/2011 13:13. alteregumancia Ver todo. Política No hay comentarios. Comentar.

Selva

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Existe una soberana presencia

entre el refugio y la caída ciega

dirigiendo los hilos de la gracia gastada.

 

Existe un no sé, una duda vasta que se encadena

un delirio azul que persigue y arrastra

una luz deglutida, una mutación que desaparece.

 

Como el punto y aparte de la crucifixión

unas venas oreadas al sol de la medianoche

drenan jarabe de vitriolo en dosis cortas de amor.

 

Es posiblemente un término inventado para decir río

quizá la excusa o el ritmo de la destrucción

que se te impone en el rictus firme del adiós.

 

Existe un punto que flota, unas medias húmedas

envolviendo las heridas, los dientes, el fuego

de los planetas amados, el agua turbia.

 

Es seguro un río.

  

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03/04/2011 10:51. alteregumancia Ver todo. Versos Hay 1 comentario.

Las estatuas de Bolívar

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Me encomendaron hacer una estatua para conmemorar el nacimiento del Prócer de la Patria.

Un fulano gris, empleado de la alcaldía vino a verme una mañana y me ofreció una cantidad X para que esculpiera una estatua para la plaza Bolívar de W. 

El dinero era poco, aunque el burócrata me propuso el trato con un dejo de desprecio, como si me estuviera otorgando una venia que yo debía aceptar alborozado.

Inmediatamente recordé los ejemplos que me daba mi Profesor de Filosofía para tratar de hacernos entender  las causas aristotélicas:  "La causa material es la materia de la que está hecho algo,  y que le permite ser lo que es.  Por ejemplo, una estatua de Bolívar estará hecha de… ¡Bronce! muy bien.  Porque el bronce es moldeable y duradero.  Si uno la hace de hielo, se derrite y desaparece.  El hielo está bien para hacer estatuas seudo-eróticas para una fiesta, pero no para una estatua de Bolívar". 

"Luego, la causa formal, es precisamente la forma, las características esenciales que hacen que algo sea lo que es.  En la estatua de Bolívar la forma dependerá de la plaza.  En una plaza pequeña será… ¡Un busto! muy bien. En una plaza más grande lo tendremos de pie.  En plazas importantes estará a caballo.  Y en las plazas de gran envergadura el caballo estará en equilibrio sobre dos de sus patas, y Bolívar blandirá su espada". 

"Después tenemos la causa eficiente, que es el ente que hace posible que la cosa llegue a existir.  En el caso de la estatua de Bolívar será… ¡El escultor! muy bien.   Por último tenemos la causa final.  Esta representa la finalidad, la razón por la que algo llega a ser lo que es.  En el caso de nuestro ejemplo… ¿Para qué se manda a hacer una estatua de Bolívar?... ¿Para honrar la memoria del Prócer de la Patria dicen? Ingenuos.. ¡Para que el Alcalde se embolsille unos reales!  Pide 100 millones para la estatua, le da un millón a un escultor de poca monta y con ganas de figurar, y se queda con los otros 99."

Yo era, seguramente, el escultor de medio pelo.  Dos o tres de mis estatuas — que representaban hombres tratando de mantener el equilibrio en situaciones improbables— estaban ubicadas en puntos más o menos visibles de la ciudad.  Pero nunca estaba de más ganarse unos centavos extra con un encargo. 

Me dieron la fecha estimada de inauguración de la Plaza Bolívar de W y me puse de inmediato a diseñar lo que haría.

Desde el primer momento me propuse hacer una estatua de Bolívar que rompiera con las convenciones.  La mía sería diferente.  Sería recordada e imitada.

Yo quería representar otro Bolívar.  ¡Y lo logré!

El día de la inauguración estaba presente la crema y nata de W.  Un escalofrío me enderezó el espinazo, y no supe si era miedo u orgullo.  Cuando el Alcaide tiró de la cuerda la primera reacción de la masa fue un silencio estuporoso.  Todos quedaron con la boca abierta, nadie se atrevía a respirar.  Juntos parecían la fotografía de una coral entonando el himno.  Luego empezaron las caras sonrojadas, los abucheos, los gritos y las piedras aventadas contra la espalda y las nalgas del gran Simón.

La estatua representaba al Padre de la Patria, totalmente desnudo, montado encima de una (que podía ser Manuelita, la "Pepa" o cualquiera de las otras).  Simón arquea la espalda para poder verle los ojos a su amante mientras la taladra.  Una posición del misionero clásica, pero a mi entender, hecha con brío.  La figura femenina se empeña en voltear la cara hacia un lado, mientras su rostro muestra las señales de un éxtasis fatigado.

Nadie captó la importancia de mi obra.  La estatua fue desmontada y desapareció en algún oscuro sótano de los edificios públicos. Ese día casi me linchan, y poco después me dieron cárcel por cinco años, acusado de apátrida y traidor.  Esto que escribo llegará a ustedes por las veredas rebeldes que tiene la palabra.  No dejo de pensar en lo que haré cuando salga de aquí.

Quiero tallar una estatua en la que Bolívar este cagando. 

Quiero inmortalizarlo agachado, justo en el momento en el que la puntita del mojón asoma, y el héroe, como cualquier hijo de vecina, aprieta todas las venas, arterias y tendones de su cuello para darle el empujón final.

Con esa me forzarán al exilio, y mi carrera estará consagrada.

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12/03/2011 12:13. alteregumancia Ver todo. Fabulaciones Filosóficas No hay comentarios. Comentar.

Nihil sum

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Avalancha de olvido

que arrasa cobardemente

con lo más preciado

dejando agujeros, escombros

y un charco de agua viscosa

en el rostro de nuestros amores

en el reencuentro con las fiestas del pueblo

en los nombres que dábamos a las cosas.

 

Malignamente nos impone

con puntualidad compulsiva

los detalles que habíamos dejado atrás

los demonios que aprendimos a ignorar

las nimiedades hediondas y babosas

que acicateaban nuestra ansiedad

las debilidades y las cobardías

que ya nos habíamos perdonado.

 

Todo queda en nada

se repite lo igual 

con lo extraño

todo vuelve

roto

y con llanto.

 

La tristeza agota las ganas

por insolvencia de las conexiones

y el mundo se nos funde

en sentidos sin sentido.

 

Nos adelgazamos de miedo

brutalmente solos

cuando ya no sabemos quién es quien

y rostros ajenos se enciman

para reprocharnos faltas y conspiraciones.

 

Se espesa la angustia

de estar siempre perdidos

por calles que son laberintos

en donde no nos busca nadie

y cada pequeña cosa

es materia sin luz ni gracia.

 

Y entonces el asco de no saber lo que vale

lo que importa, lo que define, lo que es

lo que mata, lo que muere…

 

La terrible vida de un cuerpo con el alma vacía

cuyo único recuerdo es que alguna vez estuvo llena

 

(anemia de memorias

infarto personal

cáncer del espíritu

cauterio del prójimo

amputación del yo

lobotomía del apego)

 

sin los alegres delirios de la demencia

sin el canibalismo de la vaca loca

sin el pliegue del esquizofrénico

sin los enemigos del paranoico

sin el orgullo de los autistas

esta enfermedad es una putada

una tortura perversa

un castigo del yo

una burla mal orquestada

contra la gran promesa.

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11/01/2011 21:13. alteregumancia Ver todo. Versos No hay comentarios. Comentar.

El Amor Platónico

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Nuestro "amor platónico" es esa persona que nos parece perfecta, que no sabe de nuestra existencia pero por la cual existimos, la suma de todos los bienes y que nunca hemos rozado, con la cual sólo nos hemos besado en sueños y el destino final de los suspiros más roncos y silenciosos. 

Pero este término puede servir también para entender mejor algunos conceptos de la propuesta platónica, tanto por aquellos sentidos que se corresponden bien con el pensamiento de Platón, como por aquellos que no tienen nada que ver, o que incluso lo contradicen.

También podría referirse al tratamiento que hace Platón del tema en su diálogo El Banquete, lectura que recomendamos para degustar filosofía bien escrita, y revisar varias teorías acerca de lo que es el amor… Pero creo que resulta muy útil si se le compara con la relación que el ateniense parece establecer entre nosotros y las ideas, tal cómo puede encontrarse en diálogos como República y Fedro.  

En estos diálogos, y para hacer corto un cuento muy largo, Platón plantea que el mundo está dividido en dos: un mundo en el que vemos "sombras nada más" (como en el bolero) y un mundo de las Ideas.  El primero es sólo apariencia, engaño y superficialidad.  Está hecho de las cosas corporales.  El segundo es todo perfección, armonía y verdad y está constituido por los "moldes" de todo lo que hay en la realidad.  Ambos mundos coexisten, pero sólo aquellos que se preparen podrán ver "más allá" de las apariencias, y, con el "ojo del alma" percibir las Ideas.  El que logra percibir las Ideas ve realmente lo que es, y no su apariencia engañosa.  De ahí que hay que hacer un esfuerzo por lograr ponernos en contacto con ellas.  En este texto trataremos de explicar un poco más la relación que tenemos con las ideas, usando los conceptos que están incluidos en el de amor platónico.

Uno de los sentidos que se da al amor platónico  es el de "amor ideal".  Nuestra atracción estaría dirigida hacia algo perfecto, sin defectos, que lo tiene todo.  En este caso la metáfora funcionaría bastante bien.  Las ideas son lo real en su perfección total.  Son el modelo hacia lo que todo tiende y a lo que todo intenta parecerse.  Cada silla que existe en este mundo de sombras intenta parecerse a LA SILLA, la perfecta, la del mundo de las Ideas, y si uniéramos en uno sólo todos los modelos de silla que existen, esta sería la silla perfecta.  Y amaríamos a esa Silla (o por lo menos nuestra espalda lo haría).

Otro de los sentidos que le damos al amor platónico es que es inalcanzable.  La persona en la que nos hemos fijado no tiene ninguna relación con nosotros y es imposible que la tenga jamás.  En este caso el sentido parece alejarse de la propuesta platónica.  Con las ideas tenemos una relación muy difícil, pero muy estrecha: ellas están en nuestra alma, y con un proceso educativo podemos llegar a ponernos en contacto con ellas (aunque lograr ver la más perfecta de las Ideas, la Idea del Bien, puede que ocurra recién cuando alcancemos los 55 años). 

El problema es que, acostumbrados como estamos a estar dentro de un cuerpo que mira hacia afuera, hacia el mundo de sombras y engaños, hacia el resto de los cuerpos, entonces no vemos las Ideas.  El cuerpo es una limitación (de ahí que Sócrates casi se alegra de tener que morir envenenado con cicuta).  Para ver las ideas tenemos que educar nuestro espíritu, dialogando con la realidad, frotando los nombres, las imágenes y los conceptos para que se produzca una chispa que nos permita atisbar las ideas, y sus relaciones con otras ideas.

Por último, decimos de un amor platónico que es una relación en la que no existe contacto físico.  Nunca he tocado a ese ser que me quita el sueño, y no creo que llegue a tocarlo, sobre todo porque quizás no me atreva, porque en el fondo le temo.  Temo no merecerlo, temo que me desprecie, temo decepcionarme.  Este sentido, que suele estar bastante presente, es quizás el más alejado de la concepción platónica de las Ideas. 

Porque para Platón, el proceso para alcanzar conocimiento de las ideas empieza con el cuerpo.   A través del cuerpo olemos, tocamos, probamos, escuchamos vemos y en suma nos revolcamos en lo que amamos.  Por ahí empezamos a conocerlo, inevitablemente.  El cuerpo está ahí en medio, y como está ahí, todo pasa por él, todo empieza en él. 

El secreto estriba en no quedarse pegado en las sensaciones del cuerpo.  Hay que seguir profundizando en el conocimiento, o elevándose hacia él,  porque lo que nos provee el cuerpo es una pequeña parte de todo lo que contiene la Idea.  En el caso del amor tenemos que hacernos amigos de aquel a quien amamos,  compartir aventuras, conversar hasta el amanecer, apoyarnos, pelearnos y luego reconciliarnos, pasar apuros juntos, y juntos solucionarlos, descubrir los matices de nuestra personalidad, reírnos y llorar, en fin, pasar vida juntos, llegar a conocernos.  Aún cuando el cuerpo decaiga, el amor tiene que ser cada vez mayor, porque amamos el alma que conocemos cada vez mejor.  Si se fijan bien, la chispa se produce con esfuerzo.  "A primera vista" puede que atisbemos algo, pero no es suficiente.  El esfuerzo continuado, disciplinado, dialogante, de intercambio, de oposición benevolente es el que me lleva a acercarme a mi amor, o a la Idea.  El amor es un esfuerzo, uno aprende a amar, uno se educa para amar amando. 

Ese es el amor platónico.

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13/12/2010 20:29. alteregumancia Ver todo. Fabulaciones Filosóficas No hay comentarios. Comentar.

¿Por qué tengo que aprender de otros?

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Quisiera continuar aquí la discusión que empecé en el articulo anterior acerca de aquellos que consideran no tener nada que aprender de los demás. 

En esta ocasión quisiera ver el otro lado de la moneda: los que tratan de enseñar algo, pero lo hacen con la idea que son poseedores de la verdad absoluta y definitiva.

Un pensador griego de la antigüedad llamado Gorgias afirmaba que los seres humanos no entendemos nada de la realidad, y que si lográramos entender algo no podríamos expresarlo convenientemente en el lenguaje, y que sí lográramos expresarlo los demás no lograrían entender nada de lo que pudiéramos llegar a decir. 

Si Gorgias tenía razón, entonces escribir, leer y educar son actividades completamente inútiles. 

Como creo que Gorgias es un tipo respetable, yo tiendo a tomar su frase como una boutade, como una frase chocante…

Una frase que nos invita a pensar con el otro, usando sus pensamientos de trampolín, de zanco, de túnel.

Una provocación que nos estimula a que participemos en la construcción del conocimiento, leyendo “activamente”, con una parte de asombro, respeto y admiración, la cual reconoce aportes y perspectivas; y con otra de cuestionamiento, duda y aprehensión, aquella que exige que no nos creamos a pie juntillas todo lo que ahí aparece, que busquemos nuestra perspectiva y nuestra posición al respecto. 

Que nos emplaza a que escribamos con humildad, sin preconizar que nos las sabemos todas, con la arrogancia antipática que aleja a los posibles lectores-activos, esa comunidad de interlocutores que seguirán pensando con, durante y después acerca de las cosas que a mí me dio por escribir para iniciar el diálogo.

Que nos acicatea para que entendamos la dificultad de abordar el mundo, la realidad o la verdad, o como sea que llamemos al vínculo que poseemos con lo que nos ocurre, a cada uno, a todos.

Para que haya gente que nos enseña algo, que nos muestra algo, que nos indica una vía, que comparte su pensar, que nos abre las puertas de su mundo, necesariamente tiene que haber un otro que se siente invitado a entrar, a pensar en tandem, a seguir el camino para ver dónde lleva, a voltear el rostro hacia un sitio insospechado, a escuchar con respeto y atención. 

Que el mundo esté lleno de prepotentes que se la saben todas y de fofos que no quieren saber nada es lo que hace la educación un simulacro cada vez más artificial.

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“No tengo nada que aprender”

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Cada vez que escucho esta frase siento rabia, indignación y temor.

Y no me ocurre poco.  Es increíble la frecuencia con la que la pronuncian intelectuales, artistas, docentes y estudiantes.

“No leo para no contaminarme”, "Leer consume tiempo que tengo que usar para crear",  “La única forma de abordar un autor es desde la crítica y la deconstrucción”, “Para pensar con autonomía hay que deslastrarse de la tradición”, “Esa propuesta ya está superada”:  Estas son algunas de las frases en las que siempre creo escuchar la misma negación a aprender algo lo que otros han aportado.

Para empezar, en esta actitud me parece encontrar falta de humildad.   Los que la pronuncian parecen creer que han alcanzado un nivel en el que todo lo anterior a ellos ya no tiene validez, o que sólo la tiene como una curiosidad histórica, que sólo puede interesar a ociosos u obsesionados. 

Me parece que también encubre flojera.  Poco compromiso para el trabajo que implica investigar, comprender las implicaciones, los matices, la relevancia, los problemas, las aporías, las preguntas, las grietas, las ventanas que abre una obra cualquiera.

También me parece triste, porque implica que todos los esfuerzos que han hecho otros seres humanos por comprender su tiempo, comprenderse a sí mismos y comprender a los demás han sido en vano.

Por último conlleva el riesgo de descubrir el agua tibia.  Cuando se revisa el pensamiento y la obra de los que trajinaron antes de nosotros descubrimos sus intuiciones anticipatorias, sus innovaciones insuperables y lo que hay en ellas de eterno y siempre vigente.  Muchas propuestas que se creen "nuevas" o de "ruptura" tan sólo repiten con ligeras variaciones lo que los maestros de antaño ya habían planteado.

A todos aquellos que dicen que no tienen nada que aprender de otros habría que hacerles una simple pregunta, que le escuché a alguien por ahí, pronunciada con inocencia cáustica:

¿Si no tienes nada que aprender de los demás por qué los demás sí tendrían que aprender de ti?

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21/11/2010 20:21. alteregumancia Ver todo. Educación y cultura No hay comentarios. Comentar.


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