Blogia

ALTEREGUMANCIA

Búsquenme pruebas

Búsquenme pruebas

Hoy me hicieron una acusación nueva.  A todos los Presidentes les pasa.

 

A mí casi todos los días me acusan de algo, así que no me sorprende.

 

Es más bien desasosiego.  No es que la acusación sea novedosa, no es original, no está  bien urdida.  No es que sea un "tubazo". 

Lo que me molesta es que es insidiosa. 

 

Parece normal, igualita a todas las otras que se le han pegado antes a mi persona, como calcomanías a una nevera. 

 

Pero esta viene con un piquete raro.  "Insidioso: de apariencia benigna, oculta gravedad suma" dice el mataburros.  Esta acusación es insidiosa.

 

Esta acusación es del tipo que penetra en la realidad como un líquido espeso y hediondo.  Se mete por sus rendijas y se cruza con el podía ser, con las circunstancias grises, con las pruebas ambiguas, con lo que deje estar porque no estaba dando problemas y para que tocarlo si no da problemas.  Por cosas sentimentales, vainas románticas,  truculencias mías, asuntos de tripas y corazón.  Instinto y corazón.  Esos momentos en que uno se ciega.

 

No soy completamente inocente, no soy completamente culpable.  Pero el poder de los que me odian, de los que no saben entender de lo que soy capaz, de los que quieren mi cabeza,  ha logrado hacer de mi culpa algo plausible.

 

Y con eso ganan la partida.

 

Estamos lejos de los tiempos en que se presumía que la gente era inocente.  Ahora basta con parecer culpable para ser condenado.

 

Claro, yo puedo hacer campaña en contra.  Hacer parecer más culpable al que me acusa, acusarlo de ser agente de un poderoso enemigo internacional.  Es más eso es exactamente lo que voy a hacer.

 

Queda en entredicho el asunto “quién tiene la razón”.  

Sócrates y la Ig Nobel Ig norancia

Sócrates y la Ig Nobel Ig norancia

Entre los galardones Ig Nobel (nombre que parodia los prestigiosos premios suecos, y que va un poco de broma y un poco en serio) entregados este año aparece uno que premia un estudio sobre la ignorancia.

El resultado hace ver que Sócrates sabía más aún de lo que aceptaba saber.

Resulta que los ignorantes no sólo desconocen lo que dicen conocer, sino que desconocen que no saben, y desconocen que haya quien sepa.

Por lo que el "solo sé que no sé nada" de Sócrates (que en realidad es mucho más complejo de lo que esta frase resume) quedaría así "ni siquiera sé que no sé nada y solo sé que nadie sabe nada".

Aunque los premios Ig Nobel no pretenden ser la fuente de la sabiduría universal, y más bien lo que quieren es divertirse un poco haciendo ciencia,  me parece que esta investigación refleja muy bien el gran problema de los humanos: no somos capaces de aceptar nuestras limitaciones y consideramos que los demás están todos equivocados.

De ahí que nos de por tirarnos bombas encima.

 

Ética TV

Ética TV

Encontrar temas de ética en la TV no es complicado: gran variedad de programas, series, sit-coms, películas y documentales utilizan situaciones morales hipotéticas para la construcción de sus argumentos.

En estas emisiones los personajes usualmente se ven envueltos en dilemas que implican el que, a través de algún tipo de proceso de indagación y reflexión, deban tomar una acción que resuelva la tensión generada.

Gran parte de estas situaciones envuelven el crimen, y sobretodo el asesinato -tanto más horrible, mejor.  La tensión que moviliza con más fuerza las voluntades de los personajes es la injusticia de que alguien haya perdido la vida por causa de otra persona y la necesidad de saber el por qué (el móvil), el cómo (el modus operandi), el cuándo (por lo de la coartada), el dónde (la escena del crimen) y el con qué lo hizo (el arma homicida).  Un poco como el juego Sospecha, en el que el objetivo está en averiguar si el asesino es Coronel Mostaza, con la Llave Inglesa y en el Salón, o si fue la Srta Scarlet, con la Soga en la Biblioteca.  Después se utiliza esa información para atraparlo, enjuiciarlo y meterlo preso.  En muchos de estos programas el interés último es el problema del mal: el mal como ignorancia, como incontinencia, como voluntad, como azar, como predestinación, como facilismo, como deformación.

Pero también pueden conseguirse otros problemas éticos no menos interesantes.  Muchos de estos giran alrededor de la identidad (una persona amnésica puede considerar moralmente reprobables sus propios actos cuando los descubre con la mirada limpia que le permite una memoria libre de experiencias sesgadas por su propia participación en esos eventos), de las relaciones humanas (las dificultades del amor y la amistad alrededor de nuestras manías, complejos, obsesiones, egoísmos e incomprensiones), del problema de los medios para alcanzar ciertos fines (sobre todo en programas sobre profesiones como las de los médicos, los abogados, los policías y los docentes) o el problema de la diferencia (minorías grupales o conductuales),  la otredad (mutantes y extraterrestres) y la virtud del héroe (con facultades humanas o sobrenaturales).

De estos temas, y con más detalle, quisiera hablar en los post de este tema que abro hoy.

Ur-desviación

Ur-desviación

Una de las características más evidentes del Gobierno actual en Venezuela es el vacío estructural de su propuesta, proveniente de un paracaidista que cayó como tal en el poder.

Entre los graves problemas que causa está ausencia de cualquier cosa que se aparente a un proyecto dentro del gobierno es la ineficiencia extrema. 

Cada uno de los funcionarios públicos de nuestro país gasta la mayor parte de sus energías físicas e intelectuales en hacer propaganda sobre la revolución, o en parecer adepto a ella.  Esto implica conservar siempre limpio y bien planchado el guardarropas de color rojo, agredir a todo el que parezca sospechoso de disidencia, seguir de cerca las ocurrencias del Supremo para regurgitarlas sin digerir y sin que venga a cuento y, no menos importante, dedicar un buen tiempo a relajar las tensiones que produce sostener tanta incongruencia con el rostro imperturbable, consumiendo todo lo que se pueda mientras dure.

Con lo que no le sobra tiempo para hacer aquello para lo que fue puesto ahí: pensar como hacer las cosas bien, a tiempo, de la manera más económica, con la mayor calidad posible.

Esta desviación "originaria" de los recursos que deberían estar al servicio del ciudadano puede verse desde la Presidencia de la República hasta el cobrador de peaje.

Por eso estamos como vamos.

Estado-Educador

Estado-Educador

 

No hay malas hierbas ni hombres malos: sólo hay malos cultivadores.
Víctor Hugo

El proyecto de todo gobierno, cuando asume un rol de Estado-Educador, es la obtención de un "hombre nuevo".  Para ello concibe una serie de valores que considera importantes, los jerarquiza,  para luego  intentar inculcarlos.  Y esto en todas las acepciones de inculcar: presionar una cosa contra otra, repetir millones de veces, comerle el coco a los demás con nuestras ideas ("infundir con ahínco" dice el diccionario) u obstinarse con la propia posición. 

El problema, a mi entender,  estriba en que la dirección que los valores toman es poco susceptible al adiestramiento condicionante.  La individualidad, las estructuras y el azar, como elementos opuestos al poder, hacen que los resultados de cualquier acción organizada contengan un componente importantísimo de incertidumbre con la que se debe contar.  No necesariamente por la importancia cuantificable que pueda tener, en función de votos o adhesiones de cualquier tipo, sino por su intensidad y su calidad "evolucionaria". 

Y cuando digo que se debe prever su aparición no lo hago en función de prevenirla, cuestionarla o suprimirla.  Esta previsión debe ir más bien en función de captar la idea del cambio que lleva implícita, y las formas de hacer de este parte importante de lo que una sociedad desea aprender de sí misma (es la garantía de  la Multiplicidad, que aunque más frágil siempre va indefectiblemente unida a lo Uno).

Un Estado-Educador no debe creer entonces que tiene el papel de crear ese "hombre nuevo", porque este siempre estará apareciendo.  Mejor sería que favorezca el que, desde sus instituciones, se genere la exploración y se produzcan las acciones necesarias para ayudarlo a integrarse a los usos de su entorno y a cambiar aquellos que, siéndole incompatibles, resulten prescindibles para sus pares.  Integrarse tendrá que ver con explicarle por qué para los que estaban antes de él ciertas cosas fueron importantes.  Prescindir tendrá que ver con asumir que siempre habrá lo insospechado, lo excepcional, lo raro, lo único.