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El Ataque a la Upel de Maracay (contado desde adentro)

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Saben que en lo que escribo trato de utilizar un estilo moderado.  Pero en esta ocasión espero que sientan la crispación de mi relato, porque viene de adentro, del ultraje vivido, y eso no se puede contar con cabeza fría. 

Alrededor de las 4 de la tarde del día jueves 05 de febrero, los profesores que trabajábamos en las jornadas de transformación curricular vimos correr a todos los que se encontraban frente a las ventanas, en carreras desordenadas como de aquel que no sabe si buscar refugio o escapatoria. 

De inmediato abandonamos nuestra tarea, y al salir del salón donde nos encontrábamos, entre los gritos de alarma, pudimos escuchar las explosiones sordas de los niples y las más secas de las bombas trifásicas de “gas del bueno”.  Algunos decidieron escapar de inmediato por la puerta trasera del instituto, otros corrimos hacia la entrada, y allí pudimos sentir de cerca el caos. 

Los portones de la entrada delantera de la Upel estaban cerrados.  Del lado de adentro un grupo de estudiantes lanzaba piedras hacia fuera, donde se encontraban, lado a lado, juntos en una sola formación, unos 30 policías motorizados y unos 50 individuos ataviados con franelas rojas con el lema “Dile Sí a la enmienda”.  Este batallón (tal como le gusta llamarlos nuestro presidente) lanzaba tanto piedras como bombas lacrimógenas hacia dentro del recinto universitario.  Aclaro: los policías, al lado de los Franelas Rojas y junto con ellos, tomaban piedras del suelo y las arrojaban hacia adentro, y después salpicaban la acción con gas del bueno, para crear ambiente. 

Súbitamente, al batallón atacante se cansó el jueguito inocente de toma y dame, y decidieron dar un paso al frente.  Los policías embistieron los portones con sus motos, y una vez que los goznes cedieron, los Franelas Rojas se encargaron de terminar de derribarlos, encaramándose sobre ellos entrando con piedras en las manos, furia desencajada en el rostro y apoyo policial en la retaguardia.  La escena me recordó, no sé por que, al Planeta de Los Simios.  Quizá por la agresividad animal, y que me perdonen los gorilas, que suficientes ceniceros han puesto a la causa de los derechos de los animales. 

Todos los que estábamos enfrente de la escena tuvimos de nuevo la confusa disyuntiva: ¿Buscar una salida o refugiarnos?  Desafortunadamente, unas 50 personas decidieron entrar al edificio de la Dirección del instituto.  Fui de los últimos en entrar, y detrás de mí, a tan sólo 10 metros, pude ver el unísono salvaje de la horda.  Cuando cerramos las rejas de metal del recinto comenzaron a llover las piedras y las bombas lacrimógenas.  El estado de sitio comenzaba. 

Durante por lo menos 1 hora estuvimos atrapados dentro del edificio.  Los Franelas Rojas lo rodearon por todos los flancos, y la lluvia de peñones y bombas lacrimógenas contaba la historia de un ataque muy bien planificado, con relevo estratégico de municiones y organización terrorista perfecta.  El ataque intenso no dejó ventana ilesa.  Los computadores de las oficinas, fueron, afortunadamente, los únicos que dejaron su alma de unos y ceros como víctimas fatales.  Pero la intensa nube de gas mostaza  y la rabia psicopática de los atacantes nos hizo temer por nuestras vidas.  Asfixia o contusión podrían haber sido las conclusiones forenses.  Sin embargo, en los espíritus, no era el pánico el que cundía.  Indignación, asombro e impotencia eran las emociones más fuertes.  El celular, instrumento tecnológico maravilloso para los desesperados, nos sirvió para ponernos en contacto con los seres queridos, para que compartieran nuestra zozobra, sobre todo cuando nos preguntaban qué podían hacer por nosotros… Ese era el quid del asunto: si la policía estaba ahí mismo, a 10 metros de la agresión infame ¿Quién podía ayudarnos?  Desesperados, como quién espera un mal resultado que no tarda en llegar, nos desplazábamos por los pasillos, entrábamos en las oficinas despanzurradas, subíamos y bajábamos escaleras, como ratones de un triste experimento. 

Cuando sentimos disminuir el tronar de las rocas nos acercamos a las ventanas, y vimos a los Franelas Rojas retroceder lentamente, la expresión de furia salvaje trocada en sonrisa satisfecha.  Salimos rápidamente del edificio y los vimos alejarse tranquilamente de la universidad, mientras lanzaban las piedras que le quedaban sobre los autos que estaban a su paso (unos 15 carros quedaron seriamente dañados), abandonar la universidad por la puerta grande, bajo la mirada orgullosa de los policías apostados delante de ellos.   

El resto ocurrió con milimetrada precisión.  Apareció un autobús en el que se subió la horda y partió con cánticos de júbilo.  Los policías arrancaron justo detrás de ellos, y dos minutos después, la Avenida Las Delicias, que había estado cerrada hasta ese momento, se llenó de automóviles que pasaban delante como si nada hubiera ocurrido.   

Miembros de mi familia, chavistas ultra, me explicaron lo ocurrido con los siguientes argumentos, (que quiero tratar de desmontar, porque supongo que serán los mismos que utilizará el gobierno): 

  1.       Los Rojos son miembros de la ultraderecha-radical-pitiyanqui-imperialista golpista-oligarca-burguesa-puntofijista-puertoriqueña-fascista, que quieren sembrar el caos en el país para evitar la victoria aplastante del Sí.  Bueno, digamos que esto pueda ser cierto (con mucha imaginación sesgada por el fanatismo ideológico).  Pero hay algo que no cuadra aquí…  ¿Cómo pueden haber hecho lo que hicieron (su plan para sembrar el caos en el país) bajo la mirada complaciente de 30 policías fuertemente armados, a las órdenes del Teniente Isea?
  2.       La policía no pudo hacer nada porque no pueden violar la autonomía universitaria.  Aquí también hay un problema.  ¿No es violar la autonomía universitaria tumbar el portón de la entrada?  ¿No es violar la autonomía universitaria lanzar piedras y bombas lacrimógenas codo a codo con las hordas de Franelas Rojas?
  3.       La policía no intervino porque era un asunto entre estudiantes.  No, tampoco me cuadra.  ¿Puede un policía observar un crimen, donde sea que esto ocurra, y no detener a los que lo cometieron, por lo menos para preguntarles por qué son tan malitos? ¿Puede un policía abandonar un lugar donde se cometió un salvaje atropello sin siquiera preguntar si alguien necesita ayuda, sin solicitar un permiso de entrada para recoger evidencia de lo ocurrido?
  4.       En última instancia, al Gobierno Bolivariano no le conviene la violencia en un período electoral, por tanto, no tienen nada que ver con el ataque.  No me hagan reír que tengo el labio partido.  El lenguaje de nuestro presidente es lenguaje de guerra (la palabra “guerra” dicen los analistas del discurso que hacen la inimaginablemente insufrible labor de estudiar la verborragia del presidente, se repite un poco más que la palabra “yo”, cosa que, en un ego tan hipertrofiado, es asombrosa). Yo no creo que sea un problema de conveniencia, sino un problema de estilo.  Al presidente le interesa bien poco los resultados electorales, las “victorias de mierda” que pueda alcanzar la oposición.  Lo suyo es la hegemonía del poder a través del abuso, la agresión, la violación y el terrorismo de Estado. 

Como les dije, la cosa no iba suave.  Perdón por el asco.

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14/02/2009 11:25. Autor: alteregumancia. Ver todo. Tema: Política No hay comentarios. Comentar.

El Argumento Bolívar.

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En la discusión acerca de la posibilidad de reelegir indefinidamente al Presidente de la República acepto que el concepto de “soberanía” pudiera implicar el derecho a decidir dejar en el poder a quién lo ha hecho bien, tantas veces como esa “voluntad soberana” lo desee.

 

El problema es que los voceros gubernamentales (en una democracia robusta no debería ser el gobierno, y mucho menos sus adulantes los que promovieran una reforma tan delicada, que parece apuntar solamente al beneficio de su líder) pretenden que con este argumento ya confutaron todos los argumentos “oposicionistas” (que palabra tonta, Señor).  Veamos cuales son los más importantes.

 

Uno de los más sencillos, y de los más fáciles de explicar es que ya dijimos que no a la reelección indefinida en el referéndum del 2 de diciembre del 2007.  Se consultó, junto con otras reformas posibles, y todas fueron negadas ¿Por qué no se respeta en este caso la soberanía del pueblo?  El planteamiento de que aquella vez la propuesta fue en bloque y esta vez es punto por punto es bastante cínico.  Primero, porque la votación punto por punto fue lo que se sugirió que debía haberse  en el referéndum anterior, y el gobierno se negó rotundamete, porque la propuesta era un todo, un bloque homogéneo, sistemático y orgánico que perdía sentido si se discutía por separado ¿Cómo es que ahora si se puede?  La única respuesta que se me ocurre es que el Presidente, haciendo caso omiso de la “voluntad soberana del pueblo” manifestada en el referéndum, aprobó por vía de ley habilitante una parte de la propuesta de reforma, pero no pudo aprobar este “pequeño cambio”, porque la cosa no hubiera pasado tan suavemente.  Y segundo, porque, cuando se llevó a cabo el referéndum de marras, el elemento más impopular (entre un 70 y un 80 por ciento de rechazo) era precisamente la reelección indefinida.

 

Hay en todo esto un elemento extraño, un “de aquí no me saca ni Dios” (mejorando a Mugabe), una gotita fría a lo tortura china, que no se entiende muy bien.  Es decir, el Presidente nos preguntó si se puede quedar para siempre, le dijimos que no, y entonces se queda para siempre preguntándonos si se puede quedar para siempre. 

 

Pero el argumento más importante, y el que han tratado de rebatir con muy poco tino, es el “argumento Bolívar”.  Y es que es poderoso: dejar mucho tiempo a alguien en el poder genera distorsiones, la gente se acostumbra a obedecer, a considerar al líder como insustituible, y esto es muy difícil de evitar.  Por otro lado, un presidente en el poder adquiere paulatinamente mayor capacidad de influencia y control de los mecanismos para quedarse en el cargo: crea dependencias, alianzas, miedos y redes; incrementa las presiones indebidas, parcializa las instituciones, debilita las disidencias con múltiples coacciones.  De ahí que sea forzosa la regulación de la alternabilidad.  Alternar implica permitir elecciones en las que otros puedan participar en igualdad de condiciones.  Incluso dentro del mismo partido de gobierno.  Alternar implica poner un límite, garantizar el respeto al principio de que en una democracia, todas las voces deben ser escuchadas, y todas deben tener oportunidades iguales de llegar al poder, y además, siempre que su objetivo no esté reñido con esa alternabilidad, y la convivencia de una pluralidad de sentidos.  Precisamente, ningún referéndum podría consultar sobre la posibilidad de quitarle derecho al voto o a la elegibilidad a los negros, los oligarcas, las mujeres o a los discapacitados.  Son cosas que no se discuten, porque atentan contra la democracia y su progresividad, y ninguna mayoría puede pretender esa posibilidad.

 

Todavía quedan muchos argumentos, como el legal (la Constitución estipula claramente que una misma reforma no puede ser propuesta dos veces en un mismo período de gobierno) y el hecho de que al gobierno le moleste tanto que la misma reelección indefinida pueda ser aplicada para alcaldes y gobernadores (refutadas mediante galimatías alrededor de la figura de unidad y totalidad), pero sería alargar mucho una discusión que, en el fondo, siento un tanto repetitiva.

 

Sólo queda votar NO a la “enmiendita”.

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30/12/2008 11:27. Autor: alteregumancia. Ver todo. Tema: Política No hay comentarios. Comentar.

Lo Malo de la Corrupción.

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Es una ley de la naturaleza que las cosas intentan seguir el camino más fácil.  Por ejemplo, los líquidos se cuelan por la rendija más grande, o por el conducto más amplio.  Es lógico y natural. 

 

Llevado al ámbito del comportamiento humano, este podría ser el origen de la corrupción.  La gente quiere hacer las cosas sin que le cueste mucho, y terminan rompiendo las reglas para lograrlo.

 

Resulta tan natural que incluso existen ciertos planteamientos que hacen  ver la corrupción como algo conveniente, o, cuando menos, algo imposible de evitar.  Vendría siendo como el aceite “especial” que mantiene la maquinaria en marcha, pero que debe ser sabiamente administrado para que no chorree ni manche.  Sería el “plus” que impulsaría una actitud más vigilante, una disponibilidad anímica constante, una creatividad desbordada en función de alcanzar la meta.  Es decir si usted no deja que la gente robe un poco, sencillamente no le trabajan como usted espera.

 

Uno de los grandes problemas de la corrupción es que es el punto de enlace entre el Estado y el crimen.   Empieza con el que sabotea los procedimientos para hacerlos más lentos, de modo que la gente tenga que sobornar para lograr hacer uso de sus derechos, y, gran paradoja, llega a entorpecer hasta los actos que tienen como fin cumplir con los deberes (por ejemplo,  pagar los impuestos).

Este proceso de degeneración continua termina con el lavado de dinero, el tráfico de armas, el narcotráfico, el secuestro, el robo de bancos y el fraude financiero, que implican siempre una cierta colaboración de organismos e individuos que forman parte del Estado. 

 

Pero además la corrupción es una torcedura moral.  Un elemento que comienza a hacerse cotidiano, que fatiga el alma y destempla las ganas de hacer las cosas bien.  Tarde o temprano todos terminamos diciendo una de estas frases para justificarnos: "que importa, todos lo hacen, el sistema te obliga porque es ineficiente, yo me lo merezco, no me están viendo, nadie se va a dar cuenta, eso no lo usan, si  no aprovecho yo se aprovecha otro".

 

En última instancia la corrupción es un ataque directo a nuestros derechos.  El que corrompe lo hace para facilitar lo que a todos nos es difícil, para abrir lo que para nosotros está cerrado, para acelerar lo que para nosotros está detenido, para obtener permiso de hacer lo que a nosotros nos esta prohibido, para poseer lo que a nosotros nunca nos dan.  Lo que a algunos les cuesta trabajo, los corruptos lo consiguen antes, gratis y sin cumplir con los trámites que a nosotros nos llevan papeleos, esperas, malos tratos y largas colas.

 

Precisamente en las largas colas tenemos el ejemplo que se ve con más frecuencia. Esa  gentuza se para ahí, al principio de la misma fila que hemos estado haciendo desde las 3 de la mañana y esperan un descuido para ponerse en los primeros lugares.  Con su cara tan lavada.  En un acto premeditado, la persona se acerca a la cola buscando donde atacar.  No es un descuido.  Es un deseo de cometer un acto agresivo e injusto para con los demás, y el atrevimiento de hacerlo, haciendo caso omiso de las barreras que se ponen para advertir el límite y la trasgresión (leyes, normas, vigilantes o rejas).  Es decir, todas las barajitas de un criminal. 

 

El problema de aceptar la corrupción es que esta se constituye en el motivador más eficiente: “pónganme donde haya” se transforma en la única exigencia que se hace para la carrera profesional.  Y esto va acompañado con otras herramientas igual de corruptoras, tal como el “atajo”, la “componenda”, la “comisión” y la “piratería”.   

 

La motivación nunca debería ser moralmente objetable.  Se debe tomar en cuenta que las personas funcionamos con deseos y apetencias, y que los premios son un gran aliciente para que las cosas se hagan.  Pero estos elementos motivadores deben estar contemplados en el proceso, con igual oportunidad para ser alcanzados por todos y sin romper las reglas del juego. 

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08/10/2008 17:04. Autor: alteregumancia. Ver todo. Tema: Política No hay comentarios. Comentar.

Ur-Desviación (II)

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En una entrada anterior les hablaba de uno de los problemas más graves del Gobierno Venezolano actual: la ausencia de proyecto.

Vuelvo al tema porque quería comentarles un par de cosillas más sobre el asunto.

La primera es que el presidente de Venezuela insiste en que una de las debilidades más grandes del "oposicionismo" (creo que con este término quieren denotar a aquellos que hacen oposición por hacerla, sin saber exactamente a que se oponen, sin tener un objetivo claro) es precisamente la ausencia de un proyecto de país. 

La segunda es que no se si quedó claro que una revolución no es un proyecto.  Es una manera de hacer las cosas, es un plantearse una ruptura con lo anterior, una disposición a obviar normas y romper patrones de como se hacían las cosas antes.  Pero no implica un objetivo, un saber lo que se está haciendo.

Y eso se nota en todo lo que hacen.  No hay ideas, no hay planes, no hay previsiones.   Puro efectismo, cortoplacismo y paños calientes.

Mientras tanto, los grandes problemas del país siguen sin resolver. 

No se sabe como combatir la inseguridad, y el reporte de muertos es más alto que el de Afganistán e Irak en guerra o el de Haití después de un huracán.

No se sabe como combatir la corrupción, y el funcionario público, cada vez más antipático, lento y desinformado, solo está ahí para ver cuanto dinero puede agarrar.

No se sabe como combatir la inflación, y los sueldos ya no alcanzan para comprar comida, y solo se alimentan bien los del inciso anterior.

Mientras tanto, la única disciplina es vestirse de rojo y asistir a las marchas.  La única responsabilidad es repetir como un loro las consignas del máximo lider redentor.  La única reflexión es como adular con mayor estruendo.

 

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24/09/2008 12:49. Autor: alteregumancia. Ver todo. Tema: Política No hay comentarios. Comentar.

El Gran Ajedrecista

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"Jaque" bautizaron la operación de rescate que involucró a Ingrid Betancourt, la famosa rehén colombo-francesa.

Como en una buena partida de ajedrez, una del nivel más alto posible, todo salió con un nivel de planificación estratégica asombrosa.

Asombrosa porque involucra poder predecir la emoción humana.  No sólo los eventos con sus infinitas combinaciones, no solo las acciones con sus diversas maneras de acaecer, algunas veces para dejar todo igual o haciendo retroceder lo ganado.  Había que predecir como reaccionarían anímicamente los involucrados, por cual de sus pasiones se dejarían llevar.

El nivel de análisis de esta partida en la selva era como jugar en varios tableros al mismo tiempo: el de la zona de secuestrados era el principal, pero dependía de otros tableros en la zona del Secretariado, en la zona de negociaciones internacionales.  En cada una de ellas debían hacerse las jugadas precisas para que, varios movimientos después, se consiguiera la posición adecuada para penetrar hacia la zona del Rey, la zona de poder.

La jugada fundamental fue, como siempre una jugada que ocultaba muy bien sus fines, una jugada que parecía banal. 

Pero implicaba acariciar el ego de una persona, sobándole la autoestima.  Es quizás el truco más viejo del mundo: decirle a alguien lo importante que es, lo sabio, apuesto o necesario que es para el mundo entero.    Adular requiere de práctica y sutileza, mirar el rostro del que lo recibe para leer las ondas sucesivas de su ablandamiento.  Y después: "Jaque"

El jaque puede ser una amenaza vana en un aprendiz.  Pero un experto sólo usa el jaque para obligar al otro a mover lo que uno o donde uno lo desea.  Estando en jaque es la única circunstancia en la que uno sólo tiene una opción: mover el Rey o protegerlo, quitarse de en medio, utilizar recursos que tenías guardados para otros fines, claudicar un poquito, anunciando quizás la futura caída.

El "jaque mate", la última jugada, no implica la muerte del Rey.  Otro elemento hermoso de este juego. Es solo la imposibilidad de quitarse de encima la amenaza sobre su integridad.  Ya no puedes cubrirte, ni ocultarte, ni desplazarte, siempre estás amenazado. 

Y es cuando debes retirarte. 

05/08/2008 13:32. Autor: alteregumancia. Ver todo. Tema: Política No hay comentarios. Comentar.

Ur-desviación

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Una de las características más evidentes del Gobierno actual en Venezuela es el vacío estructural de su propuesta, proveniente de un paracaidista que cayó como tal en el poder.

Entre los graves problemas que causa está ausencia de cualquier cosa que se aparente a un proyecto dentro del gobierno es la ineficiencia extrema. 

Cada uno de los funcionarios públicos de nuestro país gasta la mayor parte de sus energías físicas e intelectuales en hacer propaganda sobre la revolución, o en parecer adepto a ella.  Esto implica conservar siempre limpio y bien planchado el guardarropas de color rojo, agredir a todo el que parezca sospechoso de disidencia, seguir de cerca las ocurrencias del Supremo para regurgitarlas sin digerir y sin que venga a cuento y, no menos importante, dedicar un buen tiempo a relajar las tensiones que produce sostener tanta incongruencia con el rostro imperturbable, consumiendo todo lo que se pueda mientras dure.

Con lo que no le sobra tiempo para hacer aquello para lo que fue puesto ahí: pensar como hacer las cosas bien, a tiempo, de la manera más económica, con la mayor calidad posible.

Esta desviación "originaria" de los recursos que deberían estar al servicio del ciudadano puede verse desde la Presidencia de la República hasta el cobrador de peaje.

Por eso estamos como vamos.

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13/05/2008 12:16. Autor: alteregumancia. Ver todo. Tema: Política No hay comentarios. Comentar.


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